
23 Ene La proyección del documental “¿A mí quién me cuida?” abre un debate necesario sobre el desgaste y la salud emocional de los profesionales sanitarios
El Colegio de Médicos de Ciudad Real y CESM Castilla-La Mancha organizaron en el Hospital General Universitario de Ciudad Real una nueva proyección del documental ¿A mí quién me cuida?, dirigido por David Perea y María Montoya, seguida de un coloquio que puso sobre la mesa una realidad compartida: el creciente desgaste físico y emocional que afecta a los profesionales sanitarios y las consecuencias que esta situación tiene para el propio sistema de salud.
El debate estuvo moderado por la Dra. Rosa Sarabia Fernández y contó con la participación del presidente del Colegio de Médicos de Ciudad Real, el Dr. Manuel Rayo Gutiérrez, el Dr. José Molina Cabildo, la Dra. Laura Calatayud Gómez, la bombera y familiar de sanitarios Mª Luisa Cabañero Sánchez de León y la periodista y paciente Yolanda Laguna López.
Durante su intervención, el Dr. Manuel Rayo alertó de la dificultad de sostener el sistema sanitario en territorios con dispersión poblacional como Castilla-La Mancha y advirtió del impacto que esta realidad tiene sobre los profesionales más jóvenes. Citó datos recientes de la Organización Médica Colegial que reflejan que más del 50 % de los médicos jóvenes presentan burnout completo. “Tener a más de la mitad de nuestros médicos jóvenes quemados es extremadamente peligroso. Si no hacemos un esfuerzo conjunto, la calidad asistencial estará en riesgo”, afirmó. Subrayó además la necesidad de “tratarnos bien entre nosotros” y rechazó con firmeza las agresiones a sanitarios, “porque dañan de forma inútil y profunda al sistema”.
El Dr. José Molina Cabildo, coordinador del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del HGUCR, explicó que el perfil de los profesionales que necesitan ayuda ha cambiado en los últimos años. “Cada vez son más jóvenes los médicos que requieren apoyo psicológico. Ya no hablamos solo de profesionales con 30 o 40 años de ejercicio”, señaló. Añadió que los datos recogidos en el hospital muestran niveles de ansiedad superiores al 30 y 40 % entre residentes, y recordó que “cuidarse no es una opción, es un imperativo ético y deontológico”.
La Dra. Laura Calatayud Gómez aportó una visión especialmente personal desde la experiencia asistencial y reconoció que durante años se ha normalizado un modelo de trabajo inadecuado. “Te llevas la responsabilidad del paciente a casa y el desgaste es enorme”, afirmó, mostrando su preocupación por las nuevas generaciones de médicos y la necesidad de visibilizar esta realidad.
Mª Luisa Cabañero Sánchez de León relató el impacto real de las guardias prolongadas y de la falta de descanso en la vida personal y familiar, denunciando que trabajar un día sí y otro no “es no tener vida” y apuntando a la salida de profesionales jóvenes del sistema público.
Desde la perspectiva del paciente y de los medios de comunicación, Yolanda Laguna López reconoció que la ciudadanía no es plenamente consciente del precio que pagan los médicos. “Ser médico, en estas condiciones, no te permite ganarte la vida, te la quita”, afirmó, reclamando mayor responsabilidad informativa y una alianza entre pacientes y profesionales.
El acto continuó con la participación del público y con un mensaje compartido por todos los intervinientes: cuidar a quienes cuidan es una responsabilidad colectiva que afecta directamente a la calidad y sostenibilidad del sistema sanitario. Concluyó con una reflexión final de la moderadora, la Dra. Rosa Sarabia, quien volvió a poner el foco en el desgaste progresivo que sufre la profesión médica y en cómo se han ido asumiendo como normales situaciones que no lo son. Subrayó que médicos, residentes y estudiantes comparten hoy una sensación generalizada de agotamiento y pérdida de sentido, fruto de un modelo que prioriza la producción frente al cuidado. Reivindicó la necesidad de recuperar el valor humano del ejercicio médico y de abrir un debate social amplio sobre las condiciones en las que se cuida a quienes sostienen el sistema sanitario, advirtiendo de que, si no se actúa, el deterioro seguirá afectando tanto a los profesionales como a los propios pacientes.